EL ESPAÑOL ESTÁNDAR EN TRADUCCIÓN

En la actualidad, tanto los proveedores de servicios lingüísticos que ofrecen traducciones al español como las empresas que crean y comercializan algún tipo de producto tienen una gran concienciación acerca de cómo abordar al público hispanohablante. Cuando una empresa piensa en localizar un producto a la lengua española, los PSL suelen interesarse por el alcance del público hispanohablante al que va dirigido este. ¿Es un producto que va a difundirse únicamente en España?, ¿en Latinoamérica?, ¿en alguno de los países hispanohablantes de Sudamérica en concreto como, por ejemplo, Colombia, Chile o Perú? O, por el contrario, ¿va dirigido a todos ellos al mismo tiempo? Las necesidades de cada cliente y situación comunicativa son distintas. Si bien existe una mayor predilección por la localización hacia cada variante del español para poder imprimir una mayor naturalidad en el producto y crear más complicidad con el público, existen muchas circunstancias comunicativas en las que lo más recomendable es optar por una variante común.

Desde hace ya varias décadas, en el mundo de la enseñanza del español y de la traducción existe el término «español neutro», con el que se pretendía eliminar de las traducciones cualquier vestigio de color local y se hacía uso de un vocabulario que pudiera ser entendido por cualquier hispanohablante, una modalidad que no le pertenecía a ninguna cultura en particular, pero que servía como lengua vehicular para los productos de alcance internacional. Un ejemplo muy conocido es el de las películas de Disney, que hasta principios de los 90 empleaba en las adaptaciones al español multitud de acentos y, por supuesto, de entre el conjunto de sinónimos que había para un significado, escogía la palabra más comprensible a ambos lados del Atlántico. Por ello, en España se proyectaron sus películas con referencias a carros o emparedados para lo que en ella se denominaba coche o bocadillo. A partir del lanzamiento de La bella y la Bestia, Disney abandonó este proyecto y empezó a producir una versión para el público latinoamericano y otra para España. Y es que el «español neutro» siempre ha recibido críticas porque es imposible no desprender ningún color local en ningún acto de habla; una voz siempre va a tener un acento característico y no siempre se va a estar contento con la elección del léxico «foráneo» que se importa a otra comunidad lingüística (aunque sea del mismo idioma). Este último aspecto le ha sido muy criticado a los españoles, cuya lengua española experimenta otra realidad a la que ocurre en Latinoamérica, en mayor convivencia con el inglés. De hecho, existe una cierta tendencia a pensar en España como la cuna de la divulgación y prescripción del español, pero la realidad es que el mayor porcentaje de hispanohablantes se encuentra en Latinoamérica. Por este motivo, las instituciones reguladoras están abandonando cada vez más la idea del «español neutro», es decir, esforzarse por ocultar los acentos, los regionalismos y demás aspectos de cada cultura hispanohablante, y están pasando a trabajar en lo que se conoce como «español estándar».

El «español estándar» se define por oposición al concepto de «español neutro». Mientras que este último se relaciona con la idea de neutralización (ocultamiento, mezcla en ocasiones indiscriminada de variantes y hasta la enseñanza de un español «cero» que no le pertenece a ninguna comunidad lingüística), el «español estándar» se asocia con la estandarización. La diferencia radica en no intentar poner parches a cada situación comunicativa que precise una adaptación a cada variante del español y que, por ello, lleve asociada la necesidad de contactar con varios profesionales. Este concepto es un ideal de creación terminológico que se gestó en el contexto de los servicios de traducción, por ello se está empezando a apreciar una mayor preferencia por su uso, quedando «español neutro» como una expresión más popular o u concepto aplicado al doblaje y al mundo audiovisual en general.

La industrialización lleva décadas trayendo consigo nuevas invenciones y numerosos productos que, en ocasiones, proceden de mercados extranjeros y es preciso localizar. Este proceso de importación se produce a una velocidad vertiginosa, por lo que a los traductores no siempre les da tiempo a elaborar una traducción precisa para muchos conceptos, que normalmente suele ser distinta en cada país, por lo que es habitual que el término extranjero se termine introduciendo en las distintas comunidades lingüísticas y se entremezcle con el léxico autóctono. Por ello, muchas empresas multinacionales apuestan desde un principio por acuñar un único término y exportarlo a todas las comunidades hablantes de un mismo idioma. Así, crean memorias de traducción con glosarios terminológicos que comparten con sus profesionales lingüísticos de todo el mundo para que en ningún momento proliferen sinónimos y se acabe entorpeciendo el proceso de internacionalización de una idea o producto. El español estándar es, por tanto, una estrategia de unificación lingüística con fines prospectivos.

Este concepto es de especial interés para cualquier entidad que desee hacer divulgaciones en español a nivel internacional sin tener que localizar el contenido. Esto incluye, por ejemplo, las mencionadas multinacionales y los medios de comunicación. No cabe duda de que es un recurso más económico a largo plazo.

Sin embargo, existe una serie de inconvenientes. Y es que es un proceso lento; el proceso de internacionalización es bastante rápido y lo habitual suele ser que el público ya esté familiarizado con el extranjerismo. Asimismo, muchos departamentos de marketing son reacios a traducir íntegramente los contenidos al español, bien sea porque conviven con la lengua inglesa o porque entienden que la denominación en inglés forma parte de su proceso de introducción y difusión en el mercado. Aparte, cabría destacar que se crearían monopolios lingüísticos en los que una empresa decidiera unilateralmente cómo traducir un término en toda la comunidad hispanohablante y esta lo terminase rechazando por resultarle extraña o por haber desarrollado una variante regional, y es que las lenguas son organismos vivos.

La idea de la unificación lingüística es todo un ideal en el mundo de la traducción, sobre todo en el sector técnico. Si bien sería ventajoso disponer de una única traducción para un concepto inventivo en concreto, es innegable que la gran mayoría de traducciones necesarias se enmarcan en el contexto de la publicidad y el marketing, y que está demostrado que el público valora más positivamente que las traducciones reflejen sus propias variantes dialectales para conectar con ellos más estrechamente.

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